cd mirandés

El Levante UD sufrió para vencer al CD Mirandés en el Ciutat de Valencia (2-1) en el partido correspondiente a la jornada 32 de la Liga 123.

(Com. Prensa).- Quizás a esas alturas de la confrontación, con el encuentro ya cercando su ocaso, el duelo que mantenía Roger no era contra Roberto, meta de la escuadra castellana. La verdadera batalla en ese instante del relato era contra sí mismo y contra los fantamas y las sombras tenebrosas susceptibles de producir una sensación de desconfianza por mor de la pena máxima que había errado con anterioridad. El partido avanzaba y el tiempo quedó suspendido con el árbitro dirigiéndose hacia el banquillo de la sociedad castellana para expulsar a Provencio. Fueron unos segundos que no parecían tener final con Roger realizando un ejercicio de abstracción y de interioridad, rodeado por un ejército de jugadores del Mirandés que trataban de socavar y mermar su confianza, para concentrarse en un único objetivo elevado a la categoría de dogma de fe; el gol. Todo resultó en vano. Su fortaleza mental y anímica es incuestionable. Son aspectos que se solapan. Los hechos que se habían sucedido con anterioridad se habían difuminado de su mente. El Pistolero no se dejó impresionar ni por el escenario, nitampoco por la escenografía. Armó la pierna, jugueteando con el suspense, y dejó helado a Roberto para cantar el gol. Sobre su conciencia no pesó la acción del penalti errado con anterioridad que podría haber significado el epílogo a un enfrentamiento que se complicó en exceso tras la diana de Sangalli que restablecía la paridad en el marcador. Atrás quedaba el gol conseguido por Chema en el nacimiento de la confrontación. Y el poste de la portería defendido por Raúl Fernández escupió un cabezazo de un atacante del Mirandés en el último suspiro. Madera de líder.

Todo empezó a una velocidad supersónica. El vértigo se apoderó de Espinosa. Sus botas nunca se oxidan. El centrocampista imaginó en su mente la configuración del primer gol y puso su plan en movimiento. Pausó el cuero en busca del instante más oportuno para precipitar los acontecimientos. Espinosa contactó con Jason. El centro del jugador gallego inició un recorrido mortífero por las cercanías de la meta de Roberto. No llegó Roger, pero apareció Chema para acariciar el esférico al fondo de la red. El defensor surgió por las antípodas del espacio del verde que resguarda para poner en franquicia el marcador. Tiene alma de atacante y no duda en proyectarse para pisar la vanguardia con el fin de protagonizar aventuras con enjundia. El gol parecía propiciar un paisaje distinto al finalmente desarrollado. Todo parecía encaminado y allanado.
El líder golpeaba al último de la fila con el choque en maitines. En ese momento estaba por ver la consistencia psíquica del Mirandés para reponerse de la dureza varapalo. Las noticias no eran especialmente halagadoras para el combinado castellano. Y de la fortaleza del Ciutat no hay excesivas dudas en un curso prácticamente inmaculado, pero quizás el enemigo más encarnizado del Levante sea la propia imagen que irradia el Levante. No es fácil manejarse con soltura desde las alturas, máxime cuando la sensación de superioridad sobre su rival era evidente. Morales inspeccionó las cercanías de Roberto y Jason y Pedro exploraron la banda derecha del ataque azulgrana, si bien al Levante le faltó capacidad para ejecutar el último pase. Todo viró con la lesión de Pedro López. Hay jugadas con capacidad para estremecer. Fue el caso.

El capitán yacía inerte en el suelo ante la mirada de sus compañeros. El silencio reinó en Orriols. El impacto de la acción fue brutal. La salida del lateral del verde desnortó al Levante. Chema apareció para rebañar un balón que buscaba la malla granota. El partido adquirió espesura principalmente en la reanudación, si bien Roger pudo cambiar el signo desde los once metros. Roberto se agigantó para adivinar las intenciones del atacante. Sangalli aprovechó una rendija en el entramado defensivo local para igualar la contienda, pero el Levante nunca claudica. Ni siquiera en partidos difíciles de desencriptar. Y Roger únicamente falla en una ocasión. Lo demostró cuando el duelo moría. La presión es un componente que no le afecta. Es un futbolista ataráxico. El gol ratifica esa tendencia.

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