El Levante UD no pudo pasar del empate a 0 ante un Reus Deportiu que salió vivo del Ciutat de Valencia en un partido marcado por la estrategia defensiva del equipo visitante.

Verza y Badía cruzaron sus destinos en el suspiro final con el Ciutat como testigo. Desde otra perspectiva que no resulta antagónica; el Levante desafiaba la consitencia del Reus desde la estrategia. Y el mediocentro es un especialista en la materia. El cronometro ya rebasaba el minuto noventa En cierto modo, la acción resultaba del todo paradigmática. Todo puede acontecer en Orriols en un ejercicio de signo excelso. Hay una máxima; en el feudo azulgrana ningún adversario está a salvo de contingentes inesperados hasta que el partido se extingue definitivamente y el colegiado se guarda el silbato en el bolsillo. La memoria del curso está repleta de manifestaciones de este calado. Verza y Badía concitaban la atención de la grada. En ocasiones, el Levante se expresa de forma volcánica. Sabe que la diosa Fortuna guía su camino. Se siente poderoso. Y no necesita sentirse el dueño absoluto de cada partido para golpear de forma contundente a su oponente con el fin de abatirlo. Los rictus de Verza y Badía advertían de la trascendencia de la jugada. El centrocampista buscó la escuadra con un disparo seco y sinuoso. El balón cayó desplomado desde cielo anunciando el gol. El golpeo fue exquisito y la respuesta del arquero catalán resultó sideral. El cancerbero voló emulando a Spirderman para resguardar y mantener impoluta su portería.

Manos firmes y recias para responder a una fricción sedosa que permitió al Reus resguardar un punto celebrado en un escenario inhóspito y poco hospitalario para la mayoría de sus enemigos. Las victorias se sucedían desde el pasado mes de noviembre cuando el Cádiz logró cazar un punto en una tarde de invierno. La primavera, con esas fluctuaciones climatológicas que le caracterizan, en esta ocasión en forma de lluvia cuando los jugadores de los dos equipos saltaban al verde, se ha instalado y nada parecía cambiar. Badía mantuvo firme a un Reus con una clara vocación gremial. El bloque de Natxo González confirmó en cada lance de la confrontación su pujanza y su autoridad cuando se adentra en territorios desconocidos. No hay sospechas y sí certezas en su comportamiento. No se deja intimidar por el escenario, ni tampoco por el contexto, ni por el decorado o la trama. Su sentido corporativo, elevado a la máxima expresión, le permite sobrevivir en entornos repletos de complejidad.

Lo demostró en Tenerife hace escasas semanas y no tardó en evidenciar su espíritu más inconformista en el verde del Ciutat. La lucha de pareceres entre Verza y Badía, quizás la acción que más acercó al Levante al gol, evidenció parte de las coordenadas del partido. En muchas fases el Reus logró distanciar al Levante del espacio donde se cocina el gol eclipsando la figura goleadora de Roger. Esa versión gremial y mancomunada, sustentada en la medular por Folch y el incombustible y eterno López Garai, aletargó el alma indómita del Levante durante muchos minutos. El Reus se batió con aplomo y con celo y contó con un futbolista como Haro capaz de asumir el papel de agitador siempre incitando a la rebelión colectiva desde posiciones más atrasadas. Sin embargo, no hay excesivas noticias en la vanguardia. Quizás sea su Talón de Aquiles. La ausencia de gol se penaliza en la disciplina del balompié.

Como también la ansiedad y la inquietud. La precipitación generó una sensación de zozobra en el equipo dirigido por Muñiz, principalmente en el primer acto de la cita. Parece una paradoja a la vista del posicionamiento que defiende en la tabla, pero empieza a ser una realidad. Quizas el dominio tiránico que viene mostrando confunda el mensaje. No hay partidos de rápida resolución en el ecosistema de la categoría de Plata. La impaciencia provocó una aceleración que nubló la vista de los futbolistas azulgranas. El Levante no encontró vías de acceso para rasgar las dos líneas dibujadas por el Reus sobre el pasto. En cualquier caso, no parece una cuestión decisiva para un grupo poliédrico que guarda infinidad de procedimientos para gobernar los partidos. Puede ser convulsivo o ataráxico. En la extremada variedad de registros radica la notoriedad que está adquiriendo este curso. Muñiz trató de cambiar el diseño del encuentro reclutando desde el banquillo a Casadesús y a Morales. Sin perder el orden, el Levante consiguió ensanchar los márgenes del campo para adquirir mayor profundidad por los costados. Morales amenazó a Badía. Con todo quedaba el relato final que unió a Badía y a Verza. El resto es historia. El Levante se ha ganado el derecho de acentuar el contenido de cada punto, aunque proceda de una igualada casera.

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